HISTORIA DE NTRA. SRA. DE BELLAESCUSA
De la aparición Milagrosa de la Imagen de Nuestra Señora de BELLAESCUSA
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Si el tiempo y año en que se apareció esta Soberana Imagen de María queda, por falta de noticias, tan incierto como vemos, y no habiendo tampoco llegado hasta mí las que conducen al modo de la aparición, es lógico que no tenga en todo lo que diga la firmeza que me gustaría. Sin embargo la constante e uniforme tradición sobre un hecho, por antiguo que este sea, basta para darle crédito y puede dársele a lo que sobre todo esto diga por estar confirmado por la voz común, que por tradición de padres a hijos, se conserva entre los circunvecinos de esta Santa Ermita.
En el Reino de Toledo, en la provincia que antiguamente se llamaba Carpetania, al comienzo de lo que ahora es la Alcarria – nombre morisco que significa casa de labranza o Alquería como dicen en otros lugares – en un lugar inculto y montañoso, poblado por variedad de plantas silvestres de fruto o infructíferas y poco distante del río Tajuña, entre dos villas de su ribera, llamadas Ambite y Orusco y en el término de esta, andaban cazando dos caballeros de la Orden de Santiago. Aunque salieron juntos de sus casas para divertirse, alguna discrepancia durante la conversación separó esta unión y pasaron de la diferencia de opinión al enfrentamiento, se acaloraron y lo que empezó con ligeras palabras pudo acabar en actos sangrientos. Estaban riñendo o a punto de reñir al pie de una higuera, deseando cada uno quitar la vida a su competidor, cuando ¡Oh, raro prodigio! Oyendo una voz alzó la vista uno de ellos y vio entre las ramas de la higuera a la Áurea Divina, con más razón Diosa de la paz que la que tuvo la gentilidad para dar este título en aquella proclamada deidad. Vio la Sagrada Paloma que con la más fértil oliva aseguraba la paz. Vio digo esta Imagen Soberana de MARÍA con su precioso Hijo en los brazos, que templando su enojo, cambio lo sangriento de su ira en quieta y pacífica mansedumbre. No por cobarde ni poco diestro con las armas, sino absorto y embelesado con tan Celestial visión, se le cayó la que empuñaba su diestra. Reparando su contrario, en lo que parecía más ventura propia que desaliento de su enemigo y no queriendo – como noble – reñir con ventaja, al darle tiempo para que recuperase el acero o arco, fue informado de la circunstancia de su suspensión y confirmando con la vista lo que sabía por el oído. Tuvo a tan soberano prodigio por excusa precisa para que no fuese a más el desafío, gritando, Bella escusa para no reñir de donde tomó y ha conservado siempre esta Imagen el nombre de Bella escusa, que uniendo las dos palabras comúnmente decimos Bellaescusa. Con esto quedó establecida entre los dos la paz, que firmada con recíprocos abrazos, y suplicaron rendidos ante la recién aparecida Señora se sirviese confirmarla.
Esto es en suma lo que de la aparición de esta Santa Imagen se dice por esta tierra, por voz común y tradición asentada. Y esto es lo que da a entender un grande y hermoso cuadro que en la Capilla Mayor de la Ermita sirve, más que de pintura que la adorne, de lengua que lo publique. Hace años lo redujo a la brevedad de un dístico la docta pluma de un Venerable Eclesiástico, singular devoto de esta Soberana Señora.
Siéndolo tanto que apenas pasaba semana que no viniese desde Mondejar, donde vivía, a consolarse con su presencia, pasando en este lugar largas temporadas del año; para cuyo título, más que por conveniencia, edificó un Colmenar con su casa cerca de la Ermita. Allí le llega al final la enfermedad de la que murió, cargado no menos de méritos que de años, como aseguran quienes le conocieron. Dejando en herencia a un hermano suyo seglar, con el Colmenar el fervoroso celo, con lo que aumentó la devoción que ya tenía a esta Señora, junto con la circunstancia de darle aquí también la última enfermedad. La devoción que tengo a la Virgen, al ejemplo de los dos la debo. También me vengo aquí las temporadas que mi Religión me permite, no me extrañaría ni me haría infeliz imitarles hasta en lo último. Los versos, que estuvieron muchos años fijos en una de las paredes de la Ermita y que cuando se reconstruyó desaparecieron, en la gran confusión, con otros muchos papeles latinos, dicen:

Dicitur alma Parens ficus sub fronde reperta.
Aspectu cuius pax ibi firma manet.

Y si se considera que en atención a la lejanía de los hechos relatados es inverosímil lo que decimos de la aparición de esta Santa Imagen, antes bien se confirman por ser Caballeros de Santiago a quienes se apareció, aunque no consten sus nombres y orígenes - que de esto poco suele conservarse en las tradiciones - y se hace creíble sabiendo que ya estaba fundada esta Noble Caballería por los años de 1030. Y desde Ucles, donde tienen su Convento, hasta estos parajes no es tanta la distancia como para pensar que no pudieran llegar hasta aquí para entretener, con el honesto ejercicio de la caza, los ocios de la guerra, fin de esta Institución. Y más cuando abunda en liebres, conejos y perdices, habiéndose también visto entre sus espesuras caza mayor, como son venados, jabalís y otros. Menos hay que extrañarse del accidente, pues es natural que enfrentándose las opiniones y pasando a palabras mayores, intentase la cólera dirimir con las armas, lo que no se lograba hablando. Cuantas veces de una pequeña chispa nació un gran incendio.
Tenía Dios en el infinito archivo de sus decretos, formado desde su eternidad, el de manifestar en aquellos tiempos al mundo este rico tesoro escondido en este campo Sagrado. Esta preciosa Margarita que excede al premio más excelso. Esta red divina, que tendida en el Océano de este mundo, recoge a los pecadores que son sus peces. Este inanimado cielo, esta Imagen Soberana no menos retrato propio del cielo que animado de María, que Tesoro, Margarita y red del Reino de los Cielos. Y dispuso su Majestad, fuese el momento de que ciertos Caballeros venían, para que excusando su pendencia, cesase el desafío y dando con la voz Bella-excusa, que uno pronunció, renombre glorioso a la Imagen. Y así viese esta tierra en ella el arco iris que firmase y estableciese en sus devotos la paz segura del alma. Y al parecer se confirma, haber sido esta aparición milagrosa, con ocasión de reñir estos Caballeros, origen del título de Bellaescusa, que tuvo de ella y siempre se ha conservado. Pues siendo lo más habitual tomar las Imágenes aparecidas en árboles - que son muchas - los títulos derivados de los mismos árboles en que se aparecieron: Como la de Tejeda, de mi Religión, de un tejo en que se apareció; la de Salceda, de un sauce; la del Madroñal, de un madroño; la de Oliva, de un olivo. Habiéndose esta Santa Imagen aparecido en una higuera, como hemos dicho, sería natural que hubiese tomado por ello él título de Nuestra Señora de la Higuera. No permitió Dios que se apellidase así, sino de Bellaescusa, para que el mismo apellido de la Imagen fuese confirmación del suceso.
Finalmente, que se apareciese esta Santa Imagen en la higuera es lo más constante de la tradición, por que lo está proclamando ella misma, pues además de que siempre a estado colocado el trono viejo, y el nuevo, de la Imagen sobre su tronco, la lozanía y verdor con que se conserva (... la higuera) ya en hojas, ya en frutos, siendo sus muy sabrosos higos milagro de la medicina para todas las enfermedades, como se dirá más adelante, y esto teniendo las raíces entre los cimientos de la Ermita, y lo grueso de los troncos embutidos entre las paredes de la fábrica, desde que lo es, que hace por lo menos quinientos años, claramente denota que es algo más que natural su conservación, siendo esto por que Dios, que dispuso se apareciese en ella la Imagen de su Madre, quisiese conservarla en sus verdores y lozanía con la virtud medicinal de su fruto, como testigo de mayor excepción, con lo que no solo queda la verdad de lo que hemos dicho de la aparición de esta Santa Imagen de Bellaescusa establecida con la fe de la tradición, sino afianzada con la eficacia de las razones, con que le hemos confirmado, que quitan toda sospecha.

Tomado de HISTORIA DE NTRA. SRA. DE BELLAESCUSA
“Breve historia de N. Señora de Bellaescusa, y Descripción de su Santo Templo:
que está en el Termino y Jurisdicción de la Villa de Orusco /
Escrita por un devoto y Capellán suyo. Y la saca a luz el Lic. Bernardo Frayle”,
editado por la Hermandad de Ntra. Sra. de Bellaescusa, Orusco 5/2002



Hermandad de Ntra. Sra. de Bellaescusa