|
 |
 |
 |
 |
 |
|
 |
|
Los nudillos rotos de tanto golpear puertas que no se iban a abrir. Los ojos tristes, el suspiro inevitable al escuchar las voces roncas gritar desde adentro: “No hay lugar... ¡Váyase!, No hay lugar...”, los pies sangrando el recuerdo de las rocas del camino, que tenían que seguir andando, arrastrando el cansancio, el hambre, el frío...
La mujer alzó su mirada, como elevando una plegaria al cielo. Brillaba una estrella. Brillaba más fuerte que ninguna. Y parecía posarse... allá a lo lejos, donde sólo una pequeña luz brillaba.
Hacia allá dirigió sus pasos cansados, su esperanza apenas sostenida. Era solamente un pesebre, pobre, casi en ruinas, pero muchos pastores se agolpaban alrededor. Siguió acercándose con cautela, incluso con temor. ¿Qué estaría pasando...? Y mayor fue su miedo cuando una caravana de camellos apunto estuvo de sacarla del camino. Los vio pasar con asombro, pues en ellos viajaban reyes de algún país lejano, vestidos de sedas y con bridas y monturas de oro y plata y piedras preciosas... y fueron a detenerse también frente al pesebre, en el que entraron con reverencia, llevando ofrendas... ¿qué pasaba?... Se acercó ella también, reverente, asustada, ansiosa. El corazón le latía fuerte en el pecho. Y vio a los reyes postrados frente a un recién nacido, envuelto en pañales, acostado entre la paja.
Pero... ¿Quién es ese niño?- Preguntó en su idioma, y para su asombro uno de los Reyes respondió: Es el Mesías. Los astros nos anunciaron su venida.Por eso hemos cruzado un largo, muy largo camino, para venir a traerle nuestras ofrendas.- Dijo el más joven, el más impulsivo entre ellos, conocedor como los otros de muchas lenguas - Y también los pastores han venido a ofrecerle regalos... ¿Y tú ¿ ¿Qué le has traído?Poco llevo conmigo, más que mi historia... pero como sólo eso tengo, eso le ofrezco.Ella apartó el velo que le cubría el rostro - todos los ojos se llenaron de asombro, viendo que su belleza bien podía competir con los ángeles mismos – Y, quizás por eso, un ángel que por ahí estaba, cantando glorias, decidió dar a aquella harapienta mujer, el don de ser escuchada y comprendida por todos.
“Yo nací hace mucho, mucho tiempo en un lugar muy lejano. Fui bautizada con un nombre que debía augurar toda grandeza, toda belleza y perfección. Y colmada de dones fui enviada a desposar a alguien muy poderoso, sin más dote que ésta pequeña caja... Pero el secreto que en ella se ocultaba no debía ser revelado jamás... y así se lo dije a mi marido, y el juró que nunca abriría la caja... y fuimos felices por un tiempo. Pero era débil el alma de aquel gigante... La curiosidad lo iba carcomiendo día tras día... “¿Qué hay en la caja?” Me preguntaba, “no lo sé... y nadie debe nunca saberlo...” respondía yo, temiendo tanto al secreto como a su ansia y su furia... Hasta que un día, hallándome yo fuera de casa, él... abrió la caja...”
Los profundos ojos de la mujer se desorbitaron llenos de pavor ante el abismo de sus recuerdos, todos los otros ojos seguían fijos en ella, incluso el recién nacido parecía escucharla con atención.
Pero... ¿qué había en la caja? - Preguntó el Rey más joven e impulsivo.La mujer se volvió a mirarlo, y no pudo menos que sentir el joven Rey estremecerse su alma ante tanta belleza y dolor. “Debo explicar que aquellos eran otros tiempos... Otros dioses, otros poderes dominaban entonces la Tierra, y fueron ellos quienes me dieron vida y me entregaron la caja... esperando que mi esposo, poderoso como era, la guardara... o quizás esperaban justamente que la curiosidad fuera más fuerte que su amor y su juramento y finalmente la abriera, como sucedió... pues en ella habían encerrado todos los males de la humanidad... muerte y enfermedad, desolación y tristeza... Cuando regresé a casa, arranqué la caja de las manos yertas de terror de mi esposo y huí... y he huido desde entonces...- Una vez más se volvió a mirar al joven Rey- Preguntaste qué le he traído al pequeño, ya le he dado lo único que en realidad me pertenece: mi historia... pero si él es el Mesías, como dices, si es en verdad el redentor... entonces esto le pertenece y mi camino por la tierra ha llegado finalmente a su fin.”
Dijo, y colocó entre las manos del pequeño una magnífica caja de oro y plata y piedras preciosas, luego, tapó de nuevo su hermoso rostro con sus harapos, y se alejó, erguida y con paso firme, liberada al fin de su terrible carga.
¡Espera! ¡Dime al menos tu nombre! – Le gritó el joven Rey, herido demasiado hondamente por su belleza. Tan sabio en tantas cosas... tan ignorante en otras...ya te lo dijo: Pandora – le susurró al oído otro de los Reyes, un anciano venerable con la frente surcada de arrugas y los ojos cansados de tanto ver el dolor de este mundo. Una risa infantil los hizo volverse a todos, como rompiendo un hechizo, para hacerlos caer en otro, el niño jugueteaba con la caja, y finalmente la había abierto y allá en lo profundo, sólo una pequeña luz brillaba...
Y esa luz que vez brillando en lo hondo de su caja, mi joven compañero, es el Don más grande que alguien pueda traer al mundo... y por eso se lo ha dado al niño: Es la Esperanza. Eliana Armida, Caracas - Venezuela
|
 |
 |
|
 |
|