Para inaugurar este espacio, me tomo la licencia de citar partes de un poema de un grandísimo poeta, llamado Luis López Álvarez.



"Los Comuneros"

Las campanas de San Pablo
han cesado de tocar.
De pie, los procuradores
se yerguen para mirar.
Al rey postrado de hinojos
a la izquierda del altar.
El de Burgos, por las cortes
le ha comenzado a exhortar:
“si nos hallamos reunidos
es por haceros jurar
los fueros y libertades
que tendréis que respetar.
Una vez que hayáis jurado,
las cortes os juraran
Soberano de Castilla,
sin deciros majestad,
que es tratamiento extranjero
que Castilla no ha de dar.
A la reina doña Juana
os queremos recordar.
Tendréis dos tronos parejos,
siendo el suyo el principal.
Si vuestra madre está enferma,
algún día sanará,
y nunca un príncipe debe
sus mayores desplazar.
Si el tiempo se le hace largo
y lo trata de abreviar,
la maldición le acompañe
para todo su reinar.
No se os oculte que el pueblo
se comienza a impacientar
al ver tanto extranjero
ha invadido la ciudad.
Siempre hablándose en su lengua
y siempre sin escuchar,
los flamencos se reparten
lo mejor de la heredad
y en el reino se conducen
como en quinta de su holgar.
Hoy les hemos expulsado
de la sala principal,
por estar entre nosotros
y por poderos hablar
como aquí se habla a los reyes,
sin temor a la verdad.
Mercenario sois del reino,
nunca lo habréis de olvidar.
Si al servicio estáis del pueblo,
el pueblo os lo pagará.”

Quema de Mora

Un ejército imperial
a Mora tiene cercada,
la ciudad guardia silencio
se diría abandonada.
Con Zúñiga a la cabeza
los imperiales avanzan.
"Os rendiréis los de Mora
o Mora será arrasada".
La artillería real
logra quebrar la muralla,
aguantan los defensores,
hacen frente a las mesnadas.
Luchando calle por calle,
luchando casa por casa,
van muriendo en el combate
o en el suelo se desangran.
Los imperiales se adentran,
ya la iglesia está cercada.
¿Quién se refugia en la iglesia
huyendo a nuestra venganza?
Son mujeres y son niños
o son los viejos sin armas.
Si son mujeres o niños
o si son viejos sin armas,
Comuneros son también
y morirán sin que salgan.
Los reales prenden fuego
la iglesia ya está incendiada.
Tres mil mujeres y niños
y viejos que están sin armas
se quemarán en la iglesia
sin poderla abandonarla.
En silencio queda Mora.





Batalla de Villalar

Ya apunta en el horizonte,
ya aparece Villalar.
Los soldados comuneros
salieron del lodazal.
Van corriendo por las eras
hasta las casas llegar
e instalando allí las piezas
comienzan a disparar.
Los cañones imperiales
no tardan en contestar.
Juan de Padilla entretanto
hasta el puente llegó ya
y viendo que sus infantes
se empiezan a desbandar,
que unos corren hacia el pueblo,
y a otros traga el lodazal,
y pocos son los que plantan
las picas para aguantar;
raudo galopa queriendo
a todos poder gritar.
Por lo vano de su intento
a sus más fieles dirá:
“vosotros seguidme ahora.
Las mujeres no dirán
que me traje aquí sus hombres
para hacérselos matar
y que yo, Juan de Padilla,
me puse a salvo sin más.”
Ya llegan los imperiales,
encima les tienen ya.
Ya apresan los Maldonado,
ya comienzan a avanzar.
Padilla, picando espuelas,
lanza al aire “ Libertad “,
cargando contra los nobles
sin dejarse amedrantar.
Poco a poco caen sus hombres
Heridos o muertos ya.
A Juan Bravo, espada en puño
le acaban de apresar.
Padilla sigue gritando
“Padilla va, libertad”.

Anochece ya en los campos, solo se oye el gritar de comuneros heridos que acaban de rematar.
Apunta ya el nuevo día,
tras sacarles de sus celdas,
los imperiales dos mulas
de negro luto enjaezan.
Juan de Padilla y Juan Bravo
han de cabalgar en ellas.
Los caballeros van dignos,
Bien erguidas las cabezas.
Un pregonero abre paso,
gritando a la concurrencia:
“justicia en nombre del rey
y el consejo de regencia.
Por su traición y su infamia
los caballeros perezcan”.
Juan Bravo no se retiene:
“cumplid pronto la sentencia,
pero llamarnos traidores
nadie puede en esta tierra,
mientes tú, vil pregonero,
y aquel a quien obedezcas”.
Cornejo, el alcalde, acude
y a Juan Bravo le amonesta,
mas Bravo no ha de callarse
mientras que la vida sienta:
“Nuestra culpa fue de ocuparnos
de los pueblos de esta tierra,
que solo van al cadalso
los que en la lucha perdieran”.
“la voluntad no me asiste
para daros mi cabeza,
si os la queréis procurar,
la tomareis por la fuerza,
más degolladme primero
porque la muerte no vea
del más noble caballero
que en toda Castilla queda”.
Ya se vienen a Juan Bravo
ya le arrodillan en tierra,
ya el hacha se ha levantado,
ya le corta la cabeza.
Queda un instante Padilla
Mirándole con fijeza,
Mira luego hacia las nubes
y de hinojos cae por tierra,
su cuello tiende hacia el tajo,
el hacha ya le cercena.
En dos picotas agudas
levantan las dos cabezas,
para servir de escarmiento
han de dejarlas expuestas,
al caer del mismo día,
se le añadirá una tercera.

Mil quinientos veintiuno, y en abril para más señas, en Villalar ajustician quienes justicia pidieran.
Malditos sean aquellos que firmaron la sentencia, maldiga el cielo a Cornejo, alcalde de mala ciencia,
y a Salmerón, y a García, y al escribano Madera, y la maldición alcance a toda su descendencia,
que herederos suyos son los que ajusticiar quisieran, al que lucho por el pueblo y perdió tan justa guerra.

Libro "Los Comuneros". Luís López Álvarez